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El networking que debemos hacer si queremos tener éxito

La sabiduría popular es cierta: «Importa a quién conoces». Al menos, cuando se trata de progresar en nuestra carrera profesional, emprender y, realmente, cualquier cosa. Sin embargo, aunque nadie duda de la importancia del networking y los contactos, muchos se enfocan en crear las redes equivocadas. Al menos, según los curiosos datos de algunos estudios poco conocidos.

Es obvio que no todas las redes de contactos son iguales y que, cuanto más poderosas, mejor, ya que hablamos del mundo real. Pero puede que ese no sea el factor principal a considerar.

Por eso, me gustaría compartir cuál es el tipo de red de contactos que, según los datos, suelen tener aquellos que cosechan más éxito.

Los curiosos estudios sobre tipos de redes y éxito profesional

No conseguiremos llegar lejos en nuestra carrera o negocio si estamos solos. Las personas siempre hemos conseguido lo importante por el poder del grupo, así que es natural tejer alianzas y contactos para ayuda mutua.

Las redes proporcionan poder, información y acceso a habilidades y recursos.

Sin embargo, aunque la sabiduría popular tuviera razón al principio del artículo, el tipo de redes que más nos beneficiarán pueden no ser tan intuitivas. Solemos buscar gente poderosa en los eventos de networking, similar a nosotros y que, idealmente, sean los «jugadores principales» en nuestro sector.

Pero hacer solo eso puede lastrar nuestro progreso.

Brian Uzzi es profesor e investigador en la Kellog School of Management de Evanston. Ha dedicado buena parte de su vida profesional a estudiar el networking y, de hecho, imparte unas clases al respecto con bastante renombre.

En ellas suele explicar que hay dos tipos de redes de contactos:

  • Redes cerradas. Las más habituales, redes homogéneas donde casi todo el mundo se conoce, está dentro del mismo sector o, como mucho, sectores anexos, con gente similar en responsabilidades, cargos, ideas e inquietudes.
  • Redes abiertas. Redes heterogéneas, donde no todos se conocen, pero sí hay cierta gente que conoce a casi todos o, al menos, la puerta que tocar para llegar a cualquiera en la red (como veremos, esto será importante). En ellas encontramos distintos sectores, distintas ideologías, distintas inquietudes, experiencias y conocimientos. Redes que conectan banqueros con artistas, informáticos, empresarios y profesionales de muy diferentes actividades y estratos.

Pues bien, las conclusiones del prolífico trabajo de investigación de Uzzi y otros autores, como Ronald Burt son claras: aquellos con más éxito profesional suelen tener redes abiertas.

Incluso cuando se tienen en cuenta el peso de otros posibles factores en los datos, el networking de este tipo sigue siendo clave.

Saliéndonos del ámbito de lo económico y empresarial (quién diría que la vida es más que dinero), el sociólogo Randall Collins, en su fenomenal libro de 1998, The sociology of philosophies, sobre las innovaciones en la ciencia, el arte y la filosofía, demostró algo en la misma línea.

Los avances de titanes como Freud, Picasso o Pitágoras fueron consecuencia en gran parte de este tipo particular de red personal, la cual impulsaba una creatividad individual excepcional.

Por qué las redes abiertas favorecen el éxito

Por qué las redes abiertas favorecen el éxito

Básicamente, porque:

  • Generan mayor innovación. Al vernos expuestos a más experiencia e ideas diferentes, que pueden ser la chispa que prenda la que necesitamos (muchas innovaciones suelen venir de ideas de otros sectores aplicadas y adaptadas al nuestro).
  • Dan acceso a una mayor variedad de recursos, habilidades, personas y formas de poder.
  • Tomamos mejores decisiones. Al no ver el mundo desde una torre de marfil, que solo tiene una perspectiva y está llena de gente que solo ve lo mismo que nosotros. Las redes abiertas permiten contemplar mejor la realidad. Una casa puede parecer blanca desde donde estamos y tomar decisiones respecto a eso, pero quien esté al otro lado quizá vea que la parte trasera es negra y vamos a meter la pata.
  • Nos hace tener la mente más abierta. La única manera de que quepan ideas nuevas y mejores.

Dicho de otra manera, igual que en biología, la endogamia en el networking nos debilita.

Por qué hacemos el networking que menos nos favorece

El problema con las redes abiertas es que van contra la inclinación natural que tenemos en el networking de cualquier tipo: la de formar grupos homogéneos de personas que piensan como nosotros, se dedican a algo similar y pertenecen a un nivel económico parecido.

De hecho, Paul Ingram y Michael Morris, de la Universidad de Columbia, estudiaron el fenómeno en vivo, analizando un evento de networking con unos 100 ejecutivos de muy diferentes campos y viendo cuál era la dinámica social que se producía. Efectivamente, la endogamia y buscar lo parecido fue la tónica dominante. Los banqueros de inversiones buscaban a otros banqueros, etc.

Es pura naturaleza humana porque nos sentimos cómodos ahí, nos damos la razón, la culpa siempre es de «los otros» y somos ciegos ante el hecho de que eso nos ciega.

Ahora que está tan de moda el término, exacerbado por algoritmos y redes sociales, tendemos a atrincherarnos en cámaras de eco repletas de clones. Pero la respuesta del networking, si queremos tener más probabilidades de éxito, parece ser la contraria.

Sin embargo, hay algo más que debemos conocer.

La importancia de la posición dentro de una red abierta

La posición en nuestra red de contactos es fundamental

La primera pieza del puzzle es saber qué red debemos construir, pero la otra, igual de importante, es la posición que debemos adquirir en esa red de contactos abierta.

Y no me refiero a estar en la cúspide, sino a estar en el centro de las distintas miniredes de iguales que conforman una red abierta de diferentes. Es decir, debemos ser el nexo de unión, el que mantiene unida a la gran red heterogénea.

O, como dicen los términos técnicos de los estudios anteriores, ser el broker de información, el pegamento de esa red donde no todos se conocen, pero tú sí conoces a casi todos o tienes el acceso, pudiendo presentar y unir a quien haga falta, por diferentes que sean.

Curiosamente, al estudiar muchas redes abiertas, esos brokers no suelen tener las posiciones de poder formal más elevadas.

¿Y si no somos el broker, cómo podemos acercarnos rápidamente a esa posición?

Identificando a esos brokers de nuestra red y conectando más profundamente con ellos, para adquirir también sus nexos de unión. Es decir, los caminos que nos dan la capacidad de llegar a todas las puertas.

Estar en los nodos centrales de esa red abierta nos coloca de nuevo en una posición incómoda, al estar expuesto a menudo a opiniones contrarias y visiones diferentes. Resulta más plácido estar en algún extremo de la estructura, rodeado de los más parecidos. Pero si queremos maximizar el beneficio (y no me refiero solo al económico o profesional, sino también al enriquecimiento personal, que cada uno le dará la importancia que crea conveniente), esa es la posición, la central, no la superior.

Las ideas surgen en el roce y la confrontación, no en la comodidad en la que no nos vemos retados en opiniones ni situaciones. Ahí no hay incentivo a moverse en ninguna dirección, innovar o buscar soluciones.

Cómo diagnosticar nuestra propia red de contactos

Las personas creemos que estas cosas son las que afectan siempre a los demás, pero nosotros no caemos en redes cerradas, aunque Ingram y Morris demostraran que no podemos evitarlo.

Por eso, es difícil cuantificar objetivamente si nuestra red es demasiado cerrada, pero esta curiosa conclusión de los análisis de la Harvard Business Review puede ayudar:

Si te has presentado tú mismo a tus contactos clave más del 65% de las veces, es posible que tu red sea demasiado endogámica.

La premisa de los estudios es clara, necesitamos crear contactos, pero no todas las redes son iguales. Saber qué puertas tocar, colocarnos en el centro de todas ellas y que esas puertas sean muy diferentes, esa es la clave del networking que debemos hacer si queremos aumentar las probabilidades de éxito y avance.

Fuente: El Blog Salmón

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