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RIZOMA Festival

Molinicos, una fantasía surrealista a cuatro horas de Madrid

Molinicos. El topónimo en sí guarda ya una gran verdad: Albacete es territorio de diminutivos rematados en -icos y de -icas. Bien lo saben aquellos no manchegos que se engancharon a Muchachada Nui o que han revisado la filmografía de Cuerda en alguna ocasión. Con esta declaración de intenciones, proponemos una escapada a Molinicos, uno de los hogares del surrealismo manchego de José Luis Cuerda.

Labriegos que hablan y oran a sus calabazas, hombres que brotan de la tierra, parlamentos sinsentido ni coherencia pero que arrancan risas… todo es posible en el Albacete de Amanece que no es poco.

La tetralogía de películas de José Luis Cuerda ha dejado tal huella en el rural albaceteño que desde hace años existe una ruta ‘amanecista’ por las localizaciones del film. De hecho, también hay quedadas ‘amanecistas’, que llevan celebrándose desde 2011 en la tríada de pueblos que lleva ya el sello de Cuerda (Aýna, Liétor y Molinicos).

Desde hace años (en concreto, desde el rodaje de Amanece que no es poco en 1988) el cine se entrelaza en el día a día de los habitantes de estas localidades de la sierra del Segura. Pero este fin de semana, lo hará más que nunca: del 26 al 28 de agosto, el festival de cine RIZOMA (que trajo a España a David Lynch y a John Waters, entre otros) se deja caer por Molinicos para un completo fin de semana de charlas, talleres, visionados y, cómo no, fiesta en la pista de baile.

Curiosamente, RIZOMA nació en Molinicos (aunque sus actividades se vertebran desde Madrid). Curiosamente también, una de las escenas míticas de Cuerda, esa en la que una mujer bautiza a su hombre ‘cosechado’ en un bancal y este le agradece no haberle arrancado hace tiempo, la palabra ‘rizoma’ asomaba entre las hierbas: “Elena, muchas gracias por no haberme arrancado. Ya sé que es costumbre, pero también sé que cuando te quedas con el rizoma al aire, cualquier mal viento o la simple cagada de una moscarda, te pueden enviar al otro barrio”. Molinicos y Cuerda; RIZOMA y el cine. Historia de amor anunciada.

El fin de semana empieza con el visionado de La vida era eso, película dirigida por David Martín de los Santos y protagonizada por Anna Castillo y Petra Martínez. De los Santos será el encargado de presentar el film y de liderar el coloquio final. Más tarde, ya dando la bienvenida al sábado (a las 00.45h) DJ Meneo llega para amenizar la plaza Mayor de Molinicos.

El sábado al mediodía se debatirá en la Casa de la Cultura sobre el Cine Artesanal y Sostenible, para continuar a las 20.00h con una caminata diseñada por Julen Robles que llevará a los flâneurs desde Molinicos al pueblo abandonado de Las Hermanas, pasando por El Morcillar. Como conclusión, el domingo se proyectará a las 20.30 el documental Transformistas, de Chad Hahne, en el salón de actos del pueblo.

Imagen cedida por: RIZOMA Festival

Más allá del cine

Molinicos es un pueblo pequeño y tranquilo de menos de mil habitantes. Aquí la vida es parsimoniosa y silenciosa… Pero Molinicos guarda una ancestral historia que todavía se puede palpar en sus iglesias, calles y monumentos.

Por ejemplo, tiene su propio castillo medieval, construido en el siglo XII. Actualmente se encuentra en ruinas pero su visión, alzado sobre un promontorio que mira al pueblo, sigue siendo parte del paisaje del lugar. Lo mismo ocurre con la atalaya de Torre Pedro, del mismo siglo, y que forma parte de la ruta de las atalayas que servían de vigías de los conflictos entre cristianos y musulmanes.

El paseo fluvial del pueblo es un imprescindible que sigue la corriente del arroyo de Fuentehiguera. Es el agua el elemento que deja más bellas estampas en este pueblo y el motivo por el que Molinicos lleva este nombre: en el pueblo, de origen agrícola, ganadero y maderero, se cultivaban (y cultivan) cereales de secano, para lo que se construyeron molinos, presas, saltos de agua… y el bello acueducto sobre el cauce del arroyo de Morote, una de las imágenes más bonitas del lugar.

Pero de aquí uno no se puede ir sin parar por uno de los museos más peculiares de nuestra geografía: se trata del Museo del Níscalo, lugar que abre al público bajo petición (y a través del Ayuntamiento) y que hará las delicias de los amantes de la micología.


Fuente: madridsecreto.co

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