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Un día y 1500 años

No sé cómo sucedió. Unos amigos vinieron de visita a Madrid y planeamos realizar una excursión de un día a la siempre flamante Toledo. Nos pusimos en marcha por la autovía hasta que, en algún momento, vimos a un hombre ataviado con una larga túnica. Se asomó por la ventanilla bajada y nos dijo que, finalmente, Castilla pagaría la aventurada expedición de Cristóbal Colón a las Américas. ¿Es esto Toledo? “Es Toledo, es Granada, son muchos lugares”, dijo él. Aparcamos el coche, o el DeLorean, en un lado del camino, porque la carretera ya era inexistente. 

Entonces aquel buen hombre nos lleva a un lugar llamado La Puebla Real, nacido al cobijo de los muros de un castillo construido por las mesnadas de Rodrigo Díaz de Vivar. Alguien nos ofrece deliciosos pasteles y los antiguos tejados revelan la actividades de alfareros, espaderos y bordadores. Después visitamos el Askar Andalusí y todos nos frotamos los ojos: a pleno día, las jaimas de color verde del campamento militar del gran califa Abderramán III revelan el aroma de la miel y las almendras de diversos productos de gran tradición Omeya. En La Venta de Isidro, tierra de frontera, Isidro y María nos ofrecen aceite de su almazara, vinos pisados y el mejor queso fresco de La Mancha que he probado. Con la panza llena, entre habitantes de tantos colores y modales, nos dejamos caer por El Arrabal, donde se aglutinan los puestos y tabernas de esta típica zona extramuros. Todos los caminos de la historia parecen entrecruzarse en este enorme parque, y aún me preguntó por el kilómetro en el que caímos por aquel agujero de gusano. 

Los pueblos nos abruman, pero si venís, no os podéis perder sus espectáculos de día: la Cetrería de Reyes evoca una lucha que abandona la tierra para fundirse en el aire a través de las aves más majestuosas. En el Gran Corral de Comedias, Don Fernán Gómez, corregidor de Toledo, se estrena como autor de teatro con su obra Fuenteovejuna y nadie se lo quiere perder. Algo de humor viene bien cuando Castilla está fragmentada y el joven Rodrigo entona su Último Cantar en el corazón de su castillo. Ahí llegan pregonando los edictos del Concejo de La Puebla Real, desplegando largos pergaminos ratificados por el rey sabio mientras alguien canta a lo lejos historias que nunca se perderán en el tiempo. Si escuchas bien, aún se perciben todos los ecos, todas las épocas. Todo el mundo señala al viejo Julián, sereno de Toledo que tantas veces ha dado luz a la ciudad. El día transcurre entre las bendiciones de antiguos manjares y espectáculos memorables, o pasajes medievales tan reales, ya no se sabe. En cualquier caso, todo el mundo nos recomienda aguardar a la noche. 

Suenan los tambores, las estrellas nos acompañan y los fuegos artificiales eclosionan sobre los 1500 años de historia que engloba El Sueño de Toledo. Una fantasía por la que viajar del Reinado de Recaredo a las Navas de Tolosa, del descubrimiento de América a la llegada del ferrocarril. Un lienzo que emociona y transporta a niños y mayores. 

Al terminar descubrimos que el mundo Puy du Fou España es capaz de condensar grandes hazañas de heróicos personajes en un solo lugar donde emocionarse con la historia, las leyendas y la cultura popular. Un  viaje en el tiempo y espacio al que podéis asistir hasta finales de octubre. Solo tenéis que mantener bajadas las ventanillas del coche.  


Fuente: Houdinis

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